1930 (26 de septiembre): El giro de la Internacional Comunista y la situación en Alemania
4. El partido comunista y la clase obrera.
Sería un error monstruoso consolarse diciéndose que el partido bolchevique, que en abril de 1917, después de la llegada de Lenin, comenzaba a prepararse para la conquista del poder, tenía menos de 80.000 militantes y arrastraba tras de sí, incluso en Petrogrado, apenas a la tercera parte de los obreros y a una parte todavía pequeña de los soldados. La situación en Rusia era totalmente diferente. Los revolucionarios no lograron salir de la clandestinidad hasta marzo, después de tres años de interrupción de la vida política, incluso sofocada, que existía antes de la guerra. Durante la guerra, la clase obrera se había renovado aproximadamente en un 40%. La mayoría aplastante de la masa proletaria no conocía a los bolcheviques, ni siquiera había oído hablar de ellos. El voto por los mencheviques y los socialistas revolucionarios, en marzo y en junio, era simplemente la expresión de sus primeros pasos vacilantes después del despertar. En este voto, no había ni la sombra de una decepción con respecto a los bolcheviques, ni de una desconfianza acumulada, que no puede ser más que el resultado de los errores del partido, verificados concretamente por las masas. Por el contrario, cada día de experiencia revolucionaria del año 1917 separaba a las masas de los conciliadores y las empujaba del lado de los bolcheviques. De ahí el crecimiento tumultuoso e irresistible del partido y, sobre todo, de su influencia.
La situación en Alemania se diferenciaba fundamentalmente en este punto y en muchos otros. La aparición en la escena política del partido comunista no es cosa de ayer ni de anteayer. En 1923, la mayoría de la clase obrera estaba detrás de él, abiertamente o no. En 1924, en un período de reflujo, recogió 3.600.000 votos, lo que significaba un porcentaje de la clase obrera superior al de hoy. Esto quiere decir que los obreros que han continuado con la socialdemocracia, como los que han votado esta vez por los nacionalsocialistas, no han actuado así por simple ignorancia, ni porque su despertar date solamente de ayer, ni porque no sepan todavía qué es el partido comunista, sino porque no creen en él, basándose en su propia experiencia de estos últimos años.
No hay que olvidar que en febrero de 1928 el IX pleno del comité ejecutivo de la Internacional Comunista ha dado la señal para una lucha reforzada, extraordinaria e implacable contra los "socialfascistas". La socialdemocracia alemana, durante todo este período, estaba en el poder, y cada una de sus acciones revelaba a las masas su papel criminal e infame. Una crisis económica gigantesca ha venido a coronarlo todo. Es difícil imaginar unas condiciones más favorables para el debilitamiento de la socialdemocracia. Sin embargo, ésta ha mantenido en conjunto sus posiciones. ¿Como explicar este hecho sorprendente? Por el solo hecho de que la dirección del partido comunista ha ayudado con toda su política a la socialdemocracia, sosteniéndola por la izquierda.
Esto no significa en absoluto que el voto de cinco a seis millones de obreros y obreras por la socialdemocracia exprese su confianza plena y total respecto a ella. No hay que tomar por ciegos a los obreros socialdemócratas. No son tan ingenuos en cuanto a sus dirigentes, pero no ven otra salida en la situación actual. Hablamos, evidentemente, de los obreros normales, y no de la aristocracia o de la burocracia obreras. La política del partido comunista no les inspira confianza, no porque el partido comunista sea un partido revolucionario, sino porque no creen que sea capaz de lograr una victoria revolucionaria y no quieren arriesgar su cabeza en vano. Al votar a regañadientes por la socialdemocracia, estos obreros no le manifiestan su confianza; por el contrario, expresan su desconfianza respecto al partido comunista. Es aquí donde reside la enorme diferencia entre la situación actual de los comunistas alemanes y la de los bolcheviques rusos en 1917.
Pero las dificultades no se limitan a este problema. En el interior del partido, y sobre todo entre los obreros que lo apoyan o simplemente votan por él, se ha acumulado una desconfianza sorda respecto a la dirección. Esto aumenta lo que se llama la "desproporción" entre la influencia del partido y sus efectivos; en Alemania existe sin duda alguna tal desproporción, y es particularmente clara al nivel del trabajo dentro de los sindicatos. La explicación oficial de la desproporción es hasta tal punto errónea que el partido no está en condiciones de "reforzar" su influencia a nivel organizativo. La masa es considerada como un material puramente pasivo, cuya adhesión o no al partido depende únicamente de la capacidad del secretario para agarrar por el cuello a cada obrero. El burócrata no comprende que los obreros tienen su propio pensamiento, su propia experiencia, su propia voluntad y su propia política activa o pasiva con respecto a un partido. Al votar por el partido, el obrero vota por su bandera, por la revolución de Octubre, por su revolución futura. Pero, al negarse a adherirse al partido comunista o a seguirlo en la lucha sindical, expresa su desconfianza con respecto a la política cotidiana del partido. Esta "desproporción" es, a fin de cuentas, uno de los canales por donde se expresa la desconfianza de las masas hacia la dirección actual de la Internacional Comunista. Y esta desconfianza, creada y reforzada por los errores, las derrotas, el bluff y los engaños cínicos a las masas desde 1923 hasta 1930, representa uno de los principales obstáculos en el camino hacia la victoria de la revolución proletaria.
5. żVuelta al "segundo" período o, una vez más, hacia el "tercer" período?